Mucho hablamos de las pérdidas, hoy en día todo está atravesado por los duelos. Ambas palabras se han instalado en nuestro vocabulario cotidiano, particularmente a partir de las consecuencias que de ellos se derivan. Cada vez somos más conscientes que en todo momento estamos cambiando y desprendiéndonos de todo tipo de asuntos...desde cachivaches hasta relaciones.
Sin embargo, lo que nunca vemos se relaciona con lo que ganamos cada vez que nos modificamos. Y es que junto a las pérdidas siempre hay aparejadas nuevas oportunidades, las que difícilmente consideramos.
Será que tenemos una cuenta personal en la que tributamos nuestras decisiones y los réditos que de ellas obtenemos? Tanto números rojos, como azules van al balance...las pérdidas y las ganancias. Todos los días tomamos decisiones vitales, desde el café que tomamos o dejamos de beber, hasta la forma en que programamos el final de nuestra vida. Estamos cambiando nuestro camino diariamente y al mover las piezas, inevitablemente cambiamos el juego, pero no somos conscientes de ello hasta que la realidad se nos viene encima y nos enfrentamos a alguna consecuencia derivada de ello.
Tampoco la idea es pensar en todo, todo el tiempo...perderíamos la exquisita fluidez de la vida. Sin embargo, resulta interesante dialogar/reflexionar sobre ello, incluso con nosotros mismos -fundamentalmente con nosotros mismos- en especial porque nos olvidamos que las ganancias también son fruto de las opciones que hemos tomado y de los caminos recorridos. Así y todo, pareciera que tenemos más facilidad para responsabilizarnos o culparnos por las pérdidas más que por las ganancias. Aunque esto también es cuestionable, ya que en ocasiones vivimos las pérdidas como si fueran un terrible peso del destino y no como el importe que debemos pagar por crecer y alcanzar mayores/mejores niveles de equilibrio.
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