martes, 30 de agosto de 2011

RED

Luego de comentar con el redactor del periódico, acordamos que el tema de esta semana sería el de las redes sociales, "bien", pensé yo, "es algo de lo que conozco", sin embargo y al finalizar mi propia búsqueda del verdadero significado de las redes, llegué a la conclusión que aun cuando soy una asidua usuaria (lo que no significa experta), mi desconocimiento acerca de este mundo está cerca de la ignorancia.


Pensé primero qué es para mi una red y no pude dejar de pensar en quienes durante años fueron mi red de soporte. Nos gustaba pensar que la red nos apoyaba y contenía, cual trapecista por los aires. Sentíamos que era un lugar seguro en el que podíamos construir nuestras identidades y tejer los más cercanos y significativos afectos. Pero, será esto aplicable a las redes sociales?


Y es que al comenzar a pensarlo, la imagen de Facebook o Twitter vinieron rápidamente a mi cabeza, como si fueran las únicas variantes existentes...no, son las que yo conozco y que por extensión, supongo que son las más utilizadas. Entiendo que es algo egocéntrico el pensamiento, pero apostaría que a la mayor parte de las personas les sucede lo mismo (Cuántos de ustedes conocen Google+, Myspace, Tagged, Linkedin, Hi5, Flickr, Classmates, y un largo etc.)


Es que hoy en día, la oferta de redes sociales, pareciera estar, cual menú, diseñado en base a las preferencias/deseos/antojos del consumidor. Existen algunas dedicadas al ocio, hobbies, vida profesional, contactos amorosos (oficiales y extraoficiales), en fin...todo lo que queramos parece estar a un click de distancia. La pregunta de rigor es qué tan nutricia o satisfactoria es la experiencia social en las redes?


Para quienes nos conectamos diariamente a Facebook o Twitter como una forma de mantenernos actualizados acerca de la vida de las personas que son "cercanas" y que están incluidas en nuestras listas de amigos, tal vez el tema no es tan relevante ni nos signifique un mayor problema. De seguro, no nos hemos preguntado cuánto trabajo dejamos de hacer para "compartir virtualmente" con nuestros contactos? Es posible que la investigación ya exista, si no, es un buen tema...redes sociales y productividad laboral.


Volviendo al tema de la satisfacción que alcanzamos en las relaciones virtuales y leyendo qué podría servirme para este tema, di con James Fowler (http://jhfowler.ucsd.edu/) y me sorprendí al observar que se lo ha investigado todo con respecto a las Redes sociales, haciendo las más interesantes y raras conexiones. Sin embargo, lo que más ha llamado mi atención y creo que es pertinente a lo que hoy me convoca, es la idea de que si bien las redes nos permiten el contacto, este puede tornarse un "contagio". 


Si la idea de la "aldea global" nos sacudió hace algunos años, creo que la afirmación de que solo basta tomar contacto con  6 personas para llegar a cualquier parte del mundo (los amigos de los amigos de los amigos, etc.), puede claramente dejarnos pensando si eso efectivamente será posible y les ahorro tiempo, ya está estudiado científicamente. Primero se hizo considerando la posibilidad de contactarse dentro de un mismo país, y con la llegada del e-mail se repitió la experiencia, esta vez, a nivel mundial. Y, sí, se necesitan 6 contactos para acceder a cualquier parte del mundo!!!


Fowler llegó a postular que las adicciones, las conductas depresivas y algunos hábitos y enfermedades se "contagian" a través de las redes. De hecho, según sus planteamientos, tenemos más posibilidades de deprimirnos si parte de nuestros círculos sociales/virtuales están deprimidos. Aunque no todo es malo, podemos dejar de fumar si nuestros contactos (y sus contactos) lo han hecho.


Sin embargo, las redes sociales nos ofrecen la vivencia de una de las más grandes paradojas posmodernas: la ilusión de cercanía a kilómetros de distancia, o la sensación de distancia en la proximidad de la relación. 
No es lejana la imagen de un personaje solitario sentado por largas horas frente al computador, en constante búsqueda de la conexión con otro que le permita experimentar la calidez del contacto (emoticones de por medio), sin embargo esa cercanía se diluye rápidamente tras la pantalla. Al finalizar el día, a soledad es la misma y tal vez la melancolía sea más patente por la extraña sensación se estar tan acompañados y tan solos al mismo tiempo. Porqué no estaremos cerca de las personas que virtualmente nos hacen tan bien, nos acompañan, nos escuchan, nos hacen reír y nos reportan un particular sentido de intimidad. Habrá que esperar una nueva jornada para ver si nos conectamos nuevamente, al tiempo que nos preguntamos qué nos sucede en las relaciones no virtuales, de las que no nos podemos "desenchufar"...esas son las que nos complican y habitualmente dan sentido a nuestras vidas, pero nos exigen mucho más.


Será que nos hemos acostumbrado a la idea de la conexión?, que lleva implícita la desconexión. Estaremos ya habituado a la posibilidad de escapar al compromiso con el otro? (siempre puede caerse el servicio de Internet no?) o simplemente intentamos compatibilizar nuestro mundo virtual con el real, intentando asumir los nuevos códigos sin morir en el intento?


No crean que no he pensando en cómo mi blog y yo nos insertamos en esta discusión, pero es algo con lo que todavía no me conecto... por lo pronto, deberé revisar mis redes sociales y chequear de qué cosas me dejaré contagiar y qué hábitos aprenderé/desaprenderé a través de las redes sociales.









lunes, 29 de agosto de 2011

No quiero eso, ni lo otro...sino todo lo contrario

Hoy tuve una reunión en el diario para comenzar a delinear lo que será mi contribución. Todo lo que había pensado durante el fin de semana, comenzó a ser más claro y al mismo tiempo, más complejo...me di cuenta que debo alinearme con lo que se me vaya pidiendo, por lo que no podré divagar libremente. Un tanto obvio, pensando en que debo seguir alguna línea editorial.


Tuve una sensación extraña, como si mi libertad fuera coartada, sin embargo y paradójicamente, fue un alivio comprender el mapa por el que me sugieren transitar. Al mismo tiempo pensaba, qué raro funcionamiento tenemos no? (o tengo, para ser más justa). Por qué será que muchas veces pareciera que queremos lo contrario a lo que accedemos, cuando en realidad aquello a lo que tenemos acceso es lo mejor que nos podría pasar o, al menos, una buena oportunidad para avanzar. Si  me hubiesen dado toda la libertad para escribir, pues estaría hundiéndome en la incertidumbre y todo me parecería posible, por lo tanto, la imposibilidad de decidir. Sin embargo, al saber qué se espera de mi y qué es lo que puedo hacer con esa expectativa, resulta más sencillo acoplarme a la idea general y desde ahí moverme en mi pequeño ámbito de acción...me tomó un par de horas notarlo.


Cuántas veces nos pasará lo mismo?, Cuántas veces pensamos que las opciones que tenemos con son las mejores, y no vemos que, al mismo tiempo, son buenas oportunidades? Es posible que la lectura inmediata de los significados deje de lado lo que en un segundo análisis, más pausado, podemos distinguir.


En qué áreas de nuestras vidas esta manera de pensar nos hará más daño?, en el ámbito laboral, las relaciones, la pareja? Es difícil estimar en qué pasajes esta tendencia a no saber qué queremos es más compleja. En especial porque si tenemos dificultades para ver-nos actuar de esta manera, con mayor razón nos cuesta estimar las consecuencias que esta dinámica tiene. Sin embargo, creo que la principal, es que nos impedimos constantemente responsabilizarnos por nuestras decisiones...siempre habrá habrá algún empedrado al que culpar no?


Tal vez lo que debo hacer es decidir libremente dentro de mis ya conocidos espacios de acción, sin esperar que alguien me autorice/indique/limite/oriente/sugiera qué es lo que debo/puedo hacer...dicho esto, he DECIDIDO que mi primer escrito será de lo que Yo quiera (dentro del tema de las redes sociales...que es EL tema a tratar esta semana), claramente, no lo decidí yo, pero en el intertanto, me he ido convenciendo de su utilidad y de la posibilidad de buscar mi rinconcito dentro de lo que se me ofrece. Finalmente, de eso se trata la vida no?, de intentar ajustar a escala personal todo lo que se nos presenta.



viernes, 26 de agosto de 2011

Las pérdidas y ganancias...la cuenta personal

Mucho hablamos de las pérdidas, hoy en día todo está atravesado por los duelos.  Ambas palabras se han instalado en nuestro vocabulario cotidiano, particularmente a partir de las consecuencias que de ellos se derivan. Cada vez somos más conscientes que en todo momento estamos cambiando y desprendiéndonos de todo tipo de asuntos...desde cachivaches hasta relaciones.


Sin embargo, lo que nunca vemos se relaciona con lo que ganamos cada vez que nos modificamos. Y es que junto a las pérdidas siempre hay aparejadas nuevas oportunidades, las que difícilmente consideramos.


Será que tenemos una cuenta personal en la que tributamos nuestras decisiones y los réditos que de ellas obtenemos? Tanto números rojos, como azules van al balance...las pérdidas y las ganancias. Todos los días tomamos decisiones vitales, desde el café que tomamos o dejamos de beber, hasta la forma en que programamos el final de nuestra vida. Estamos cambiando nuestro camino diariamente y al mover las piezas, inevitablemente cambiamos el juego, pero no somos conscientes de ello hasta que la realidad se nos viene encima y nos enfrentamos a alguna consecuencia derivada de ello.


Tampoco la idea es pensar en todo, todo el tiempo...perderíamos la exquisita fluidez de la vida. Sin embargo, resulta interesante dialogar/reflexionar sobre ello, incluso con nosotros mismos -fundamentalmente con nosotros mismos- en especial porque nos olvidamos que las ganancias también son fruto de las opciones que hemos tomado y de los caminos recorridos. Así y todo, pareciera que tenemos más facilidad para responsabilizarnos o culparnos por las pérdidas más que por las ganancias. Aunque esto también es cuestionable, ya que en ocasiones vivimos las pérdidas como si fueran un terrible peso del destino y no como el importe que debemos pagar por crecer y alcanzar mayores/mejores niveles de equilibrio.

El agua cortada (...o el desencuentro en la sexualidad) Tercera entrada año 2010

Será feo/inapropiado/desvergonzado desear mantener la vida sexual? Será un pecado pedir que las tareas se mantengan al día?


Considerando la modernidad y la equidad de género, este tema es cada vez más recurrente en las conversaciones de hombres y mujeres, sin embargo culturalmente es más inapropiado que el reclamo provenga de nosotras.


Resulta complejo regular la "justa gobernación sexual", en especial cuando el ritmo de la vida muchas veces implica dejar atrás la vida sexual. Sin embargo, es más difícil aun cuando es solo uno de los dos quien lo nota, cuando sólo es un problema para uno, mientras que para el otro, la ausencia de sexo no es vivida un problema. Y parecer ser que en la cama no hay democracia, que alguien ha tomado unilateralmente la decisión de cortar todo suministro y la contraparte solo puede elevar reclamos diplomáticos (y otros no tanto) para volver a la mesa de diálogo, sin embargo suele ser una decisión de estado, de carácter irrevocable.


Este estado de sitio a la sexualidad no es de generación espontánea, sino que se inicia antes, en medio de los avatares de las relaciones monógamas, que gustamos de llamar estables -aunque la estabilidad sea muchas veces un ideal que tratamos de meter a la fuerza, ya que parte de la mantención del vínculo necesariamente implicará la presencia de dificultades- de pronto se instala y nos preguntamos qué hacer para salir de ahí.


El trabajo, las preocupaciones, las economías y básicamente las (in)seguridades propias del compromiso se traduce muchas veces en la disminución de la intención de encantar, en la accesibilidad segura al sexo y finalmente, en el desinterés. Las mujeres nos transformamos en mujeres-esposas-dueñasdecasa-maestrochasquillas-consejeras-choferes, etc. Y los hombres quedan atrapados en el rol de proveedores, que muchas veces les implica perderse la vida doméstica (no porque no quieran, sino porque no se les involucra). Tanto hombres, como mujeres estamos centrados en diferentes focos y nos perdemos la sexualidad. En el camino, las mujeres olvidamos a la tigresa que fuimos y los hombres, ya no encuentran al galán que solían ser. Ambos tratan de rescatar la satisfacción que experimentaban en esta área que solía ser uno de los mejores y más preferidos dominios.


La crónica de una muerte anunciada...nos sentimos incómodos con nuestros deseos, con nuestros cuerpos y la convergencia de ambos. Los escondemos, disfrazamos, intentamos de convencernos que el paso de los años naturalmente merma la sensualidad y dejamos fuera de alcance la seducción. Nos dejamos estar, nos hacemos competentes en otras áreas y finalmente intentamos convencernos que de que nuestra sexualidad es accesoria y que podemos vivir sin ella, aunque sabemos que no es cierto.


En este punto, una encrucijada. Siempre tendremos la posibilidad de decidir entre seguir así o darle un giro a la existencia. A veces una tentación logrará sacarnos del letargo o buscaremos el reencuentro luego de salir del período de hibernación. Nos damos cuenta que el calor nos habita y no está en las capas de ropa con las que cubrimos nuestra desnudez y deseos. Tomamos un segundo aire y volvemos al ruedo. Nos reconciliamos con el ejercicio y la comida saludable y queremos mostrar nuestra mejor cara, buscamos sentirnos bien y enganchar al otro, idealmente a la pareja, aunque puede ser que otros  reciban el mensaje. Nos miramos al espejo y nos sentimos atractivos, enojados con la sequía que hemos vivido. Nuevamente nos enfrentamos a una decisión, hacemos una reingeniería en la relación que ya tenemos e invitamos a la pareja a este reencuentro, vivimos una fantasía o vamos un paso más allá y salimos a buscarla?





Primer año de matrimonio...¿Luna de miel? Segunda entrada de octubre de 2010

Las películas, la música y los poemas poco tienen que ver con lo que ocurre en la dimensión real, íntima y cotidiana. Tras el primer año de matrimonio se esconde una falacia de la que Marx nunca nos advirtió (o tal vez sí lo hizo, no lo sé). Sin embargo, y luego de comentarlo en diferentes oportunidades y con diferentes personas, he llegado a creer que al menos una parte de la población sintió que su primer año de matrimonio no era lo que pensaba que sería...a mí me pasó y ahora sé que no fui la única.


Al momento del "sí, acepto", la cabeza está en otra parte, no estamos pensando en la envergadura de la decisión. A título personalísimo, creo que para casarse hay que tener poco o nada de conciencia de ello (lo mismo que para saltar en bungee), hay que sentir el nerviosismo y al finalizar el rito, recordar poco. Indicativo de una emoción fuerte y de algo vivido intensamente.


Luego de las celebraciones, vienen las acomodaciones y aquí el tema deja se ser tan rosa como era, aunque no por ello es terrible...es un quiebre de expectativas. La realidad aparece como un monstruo de 1000 cabezas (un tanto dramático no?) y recién nos damos cuenta que conviviremos con la maravillosa persona a quien elegimos, a la que amamos profundamente y que al mismo tiempo nos conflictúa.


Y es probable que no nos complique la persona, sino la corporización de las visiones que hombres y mujeres tenemos. A nosotras nos molestan sus calzoncillos y las toallas sin colgar, a ellos les molesta que nos demoremos una década en el baño, que podamos sentirnos al borde de un ataque de pánico por un inocente insecto...en fin, hay un choque de culturas que nos pondrá a prueba todo el tiempo.


Las mujeres incluimos en nuestro ámbito de responsabilidad a nuestras parejas, siendo esta una de los principales temas a resolver. Comenzamos a familiarizarnos con el título de Sra. (peor si de pronto somos la Sra. de...) comenzamos a hacer los primeros malabares culinarios y debemos estrenarnos en la administración doméstica. Debemos calibrar el "brujómetro" y sus alcances, ser capaces de comprender que no solo ha cambiado la vida para nosotras, sino que ha de ser raro compartir 24/7 con un ser femenino...siendo honesta, no facilitamos las cosas en muchas ocasiones. En mi caso, ajustar el nivel de brujismo fue un tema. Luego del matrimonio vinieron las inseguridades y por poco me quedo sin marido. 


En mi defensa debo decir que el matrimonio fue uno de los cambios que tuvimos que afrontar. Muchas cosas pasaron en nuestras vidas al mismo tiempo, sin embargo nadie me dijo que iba a pensar en el divorcio estando recién casada (me daba vueltas la idea por la cabeza, pero me resistía a pensarlo), que iba a sentirme extraña y sin posibilidad de comentarlo con otras personas porque supuestamente estaba de "luna de miel" y todo el mundo pensaba que seguíamos viviendo un idilio romántico. Algo un tanto alejado de la realidad.


Fue una amiga la que "me dio permiso" para pensar libremente en estas dificultades. Me contó lo complejo que había sido para ella y cómo el divorcio la había rondado en algunos momentos. Me sentí tranquila y me di cuenta que la teoría no son tonteras, sino que estuvo todo el tiempo escrito...el primer año es un momento de adaptación. El que mi amiga me confidenciara su vivencia, fue una suerte de rito iniciático a mi vida de casada, luego de eso ingresé a una dimensión en la que hablando con otras mujeres, podía indagar libremente en estos temas y encontrarme con la misma realidad. Probablemente es un producto más asociado con la modernidad y sus exigencias, con los roles que dejamos/comenzamos a ejecutar, con las expectativas que tenemos y que esperamos, mágicamente, el otro cumpla.


La buena noticia?, el primer año queda atrás y lentamente uno se acomoda y aprende a ceder, a negociar y a aceptar. Comenzamos a dejar atrás los desencuentros y elegimos mejor cuáles son las peleas que queremos dar y aprendemos a sacar la banderita blanca para evitar desgracias mayores.
Al parecer, uno encuentra la fórmula  para hacer que las cosas funcionen, a través de repetidos ensayos y errores uno aprende a decodificar a la pareja, a adelantarse, a contenerse. Aprendemos a convivir con las grandezas y pequeñeces nuestras y ajenas, nos reímos de las viejas rencillas (sólo si entendemos que no son más que eso) y de cómo pensábamos que la única solución a la relación era la no/relación.


Mucho de las historias de las relaciones tienen que ver con el primer año. Es tan fundamental que muchísimas anécdotas maritales se circunscriben a él, sin que tengamos mayor conciencia de lo que significó sobrevivir a él. El problema es que seguimos diciendo y pensando que el primer año es de "luna de miel", sin embargo se nos dibuja una sarcástica sonrisa o una mueca de compasión, como si pensáramos "ya pasé por ahí y no es fácil, pero cuéntame que todo está bien, fingiré que te creo". Sabemos lo que les espera, pero no develaremos aún el rito de pasaje al verdadero matrimonio...no al menos que alguien pregunte por él.









Esta fue la primera entrada, en octubre de 2010

La verdad es que tenía un blog...al ingresar me di cuenta que accidentalmente había creado otro, así que decidí quedarme con este y traer algunas de las cosas del viejo blog, obviamente con sus retoques porque, comentaba, me dediqué a leerlo cautelosamente y creo que incorporaré las sugerencias de mi única lectora, así es que bueno...vamos de nuevo!


Sigue dándome un cierto temor el enfrentarme a la página en blanco, se me van las ideas e inmediatamente pienso en lo que debería escribir para la columna, lo que quiero escribir en ella y acá y lo que realmente puedo hacer.


Como lo comentaba en el viejo blog, este ejercicio supone comenzar a imaginar-me a un otro, un otro que potencialmente puede leerme, al que puedo interesarle mi escritura y siento una gran responsabilidad...será como lo he imaginado?, será de interés o tal vez se transforme en un monólogo. 


Me enfrento al dilema posmoderno de la vida pública v/s la intimidad, sin embargo me es difícil pensar en contar una historia sin hablar de mí, así es que de antemano asumo la autorreferencia y declaro no tener problemas con ella. Es un hecho, ni siquiera intentaré ser objetiva para no engañar a nadie, ni pisarme la cola (en buen chileno)


Declaro que no pretendo centrarme en nada especial, aunque es posible que vayan notando mis intereses. La idea es dejarme llevar por la contingencia, algunos pasajes de mi vida y básicamente lo que he ido escuchando durante ella. Encontrarán historias de otros, quienes gentilmente me han invitado a observarlas, conversaciones con amigas y amigos, retratos familiares y lo que haya que me motive a escribir.


No mantengo un orden cronológico, de hecho esta entrada irá después de la última por el cambio de blog, así es que espero no se pierdan...espero no perdeme tampoco.

jueves, 25 de agosto de 2011

En qué estoy


Hace casi un año que no andaba por estos lados, creo que el acomodo me ha tomado bastante y el tiempo afortunadamente se ha hecho más escaso. Digo afortunadamente porque de alguna manera el vivir corriendo nos entrega un extraño sentido de rutina...al menos a mi me sucede.

Luego de NO publicar mi blog por pudor más que nada, sólo se lo presenté a una persona a la que quiero mucho y  corresponde a una de las 8 entradas que registra, el resto son mías, debo reconocerlo. La inseguridad que me acompaña me ha impedido compartirlo y aunque lo revisé mil veces, me he dado cuenta de algunas cosas que debo mejorar (he ahí uno de mis rasgos obsesivos)

El tema es que hoy me han ofrecido escribir una columna semanal, y luego de dudarlo por alunas milésimas de segundo, acepté porque de todas maneras es un buen desafío, sin embargo me he preguntado el resto del día (el ofrecimiento vino en la mañana), qué escribir para la primera (estaría debutando la próxima semana), quién querrá leerme?, alguien me leerá? y nuevamente las inseguridades.

La indicación fue simple. Una columna no muy extensa de temas de salud mental, pero lo suficientemente amplia como para dar cabida a la contingencia y para quienes me conocen, sabrán que puedo malinterpretar el tema de la amplitud. Pero bueno, acá vamos y creo que este será mi backstage, el rinconcito donde puedo elaborar esta nueva faceta y dar los pasos necesarios.

Ah!, bueno, claramente espero perderle el miedo a la audiencia y que alguien alguna vez se de una vuelta por este lugar.