Será feo/inapropiado/desvergonzado desear mantener la vida sexual? Será un pecado pedir que las tareas se mantengan al día?
Considerando la modernidad y la equidad de género, este tema es cada vez más recurrente en las conversaciones de hombres y mujeres, sin embargo culturalmente es más inapropiado que el reclamo provenga de nosotras.
Resulta complejo regular la "justa gobernación sexual", en especial cuando el ritmo de la vida muchas veces implica dejar atrás la vida sexual. Sin embargo, es más difícil aun cuando es solo uno de los dos quien lo nota, cuando sólo es un problema para uno, mientras que para el otro, la ausencia de sexo no es vivida un problema. Y parecer ser que en la cama no hay democracia, que alguien ha tomado unilateralmente la decisión de cortar todo suministro y la contraparte solo puede elevar reclamos diplomáticos (y otros no tanto) para volver a la mesa de diálogo, sin embargo suele ser una decisión de estado, de carácter irrevocable.
Este estado de sitio a la sexualidad no es de generación espontánea, sino que se inicia antes, en medio de los avatares de las relaciones monógamas, que gustamos de llamar estables -aunque la estabilidad sea muchas veces un ideal que tratamos de meter a la fuerza, ya que parte de la mantención del vínculo necesariamente implicará la presencia de dificultades- de pronto se instala y nos preguntamos qué hacer para salir de ahí.
El trabajo, las preocupaciones, las economías y básicamente las (in)seguridades propias del compromiso se traduce muchas veces en la disminución de la intención de encantar, en la accesibilidad segura al sexo y finalmente, en el desinterés. Las mujeres nos transformamos en mujeres-esposas-dueñasdecasa-maestrochasquillas-consejeras-choferes, etc. Y los hombres quedan atrapados en el rol de proveedores, que muchas veces les implica perderse la vida doméstica (no porque no quieran, sino porque no se les involucra). Tanto hombres, como mujeres estamos centrados en diferentes focos y nos perdemos la sexualidad. En el camino, las mujeres olvidamos a la tigresa que fuimos y los hombres, ya no encuentran al galán que solían ser. Ambos tratan de rescatar la satisfacción que experimentaban en esta área que solía ser uno de los mejores y más preferidos dominios.
La crónica de una muerte anunciada...nos sentimos incómodos con nuestros deseos, con nuestros cuerpos y la convergencia de ambos. Los escondemos, disfrazamos, intentamos de convencernos que el paso de los años naturalmente merma la sensualidad y dejamos fuera de alcance la seducción. Nos dejamos estar, nos hacemos competentes en otras áreas y finalmente intentamos convencernos que de que nuestra sexualidad es accesoria y que podemos vivir sin ella, aunque sabemos que no es cierto.
En este punto, una encrucijada. Siempre tendremos la posibilidad de decidir entre seguir así o darle un giro a la existencia. A veces una tentación logrará sacarnos del letargo o buscaremos el reencuentro luego de salir del período de hibernación. Nos damos cuenta que el calor nos habita y no está en las capas de ropa con las que cubrimos nuestra desnudez y deseos. Tomamos un segundo aire y volvemos al ruedo. Nos reconciliamos con el ejercicio y la comida saludable y queremos mostrar nuestra mejor cara, buscamos sentirnos bien y enganchar al otro, idealmente a la pareja, aunque puede ser que otros reciban el mensaje. Nos miramos al espejo y nos sentimos atractivos, enojados con la sequía que hemos vivido. Nuevamente nos enfrentamos a una decisión, hacemos una reingeniería en la relación que ya tenemos e invitamos a la pareja a este reencuentro, vivimos una fantasía o vamos un paso más allá y salimos a buscarla?
No hay comentarios:
Publicar un comentario