viernes, 16 de septiembre de 2011

Update

Han pasado algunos días desde la última entrada, pero como sucede todo el tiempo, me pilló la vida. 


La columna no fue publicada el sábado que yo esperaba, sino que a la semana siguiente y luego de la parafernalia de la foto, apareció sin ella, en un lugar de la plana y con mi nombre bajo ella (Lorena Durán, Sicóloga), obviamente recorté el diario y se lo mandé a mi mamá.
Luego de la expectación inicial y de revisarlo muchas veces, me di cuenta que no fue tan complejo y que ya había dado el primer paso. Lo que me asusta un poco es pensar si seré lo suficientemente creativa como para alimentarla semana a semana. Veremos qué pasa...




Creo que además no le di mucha atención porque estaba pensando en otra cosa. A propósito de las pérdidas que comentaba con anterioridad, he mirado todas las noticias referidas al accidente de Juan Fernández. Creo que la situación nos confronta con la consciencia de la propia muerte y con las miles de posibilidades que no podemos manejar. Me angustia imaginar la angustia de las familias y sólo espero que tengan la compañía necesaria...más allá de las cámaras y más allá del tiempo.


Tema aparte es qué haremos los que estábamos acostumbrados al matinal. En mi caso, la única alternativa de TV chilena a distancia. Veo a la gente llorando en las calles y siento su pena. La dificultad para separarnos de las imágenes y el contacto, el tener que aceptar lo que no queremos y en el camino tratar de conformarnos.


Habrá gente que no entienda qué es lo que sucede, que no comprenda la pérdida que para muchas personas significa no ver más a un rostro conocido y querido (pero aun es cuando no podemos tocarlo, abrazarlo ni sentirlo otra vez). Solo les preguntaría si alguna vez ha muerto alguien que ellos querían, que sentían que los acompañaba y a quienes veían todos los días...yo sí, y sé lo que duele.


Pienso en cómo nuestra memoria es frágil y olvidaremos rápidamente los sentimientos que han aflorado, todas las promesas de cambio y las buenas intenciones...nos sucede todos los años con la Teletón y seguimos siendo las mismas personas, lloramos mucho y hacemos poco. En cómo el movimiento estudiantil se ha ido desinflando, llevándose consigo la esperanza de miles de estudiantes y familias, de lograr la tan anhelada movilidad social a partir de la educación. 


Será que en la inmediatez de la experiencia, se nos pasa la vida, sin poder sentirla, pensarla y modificarla? Estamos tan metidos en la máquina que no nos remecemos a menos que sucedan este tipo de cosas?...creo que el punto fundamental es pensar en qué necesitamos para movilizarnos, qué nos impide entrar en nuestra "mismidad" para conocernos y sentirnos. Qué es lo que nos devuelve la emoción y nos conecta con la vulnerabilidad.


Creo que muchos nos hemos preguntado por estos días algo respecto a nosotros mismos y no hemos sabido respondernos con certeza...pero de seguro se nos olvidarán las preguntas hasta la próxima noticia impactante.





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